Cuando la complejidad de la vida social desborda y pone en peligro las formas que la organizan y la hacen posible, y que han sido justamente el punto de partida de tal complejidad, dichas formas entran en un período de inestabilidad: de descomposición y recomposición incesantes, Se empeñan […] en alcanzar mutaciones readapttivas que deben, según ellas, salvarles de su muerte anunciada. Este proceso, que es propiamente el de la crisis de una época, puede estabilizarse en su inestabilidad, adquirir consistencia y perdurar; llega entonces a reclamar para sí toda una época: una época a la que llamamos de transición.

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