En el presente capítulo se tratará sobre la refutación que realiza Aristóteles a las posiciones relativistas, las cuales se derivan de la doctrina de Protágoras, ahora partamos de este extracto del primer párrafo:     

«Y es que si las cosas que parecen (ser) y las que aparecen son todas verdaderas, necesariamente todas las cosas serán a la vez verdaderas y falsas (muchos, en efecto, piensan cosas contrarias los unos a los otros, y consideran que están en el error quienes no opinan lo mismo que ellos; conque necesariamente lo mismo es y no es), y si esto es así, las cosas que parecen serán todas verdaderas (los que están en la verdad y los que están en el error mantienen, desde luego, opiniones contrarias entre sí; por tanto, si las cosas son de este modo, todos están en la verdad). Es claro, pues, que ambas doctrinas derivan del mismo razonamiento.»

(Aristóteles, 1009a7-15)

En este primer párrafo se parte mencionando que las cosas que parecen y las que aparecen, es decir las que son y no-son (referidas al ser) son verdaderas, pero a la vez son verdaderas y falsas, es así que se nos plantea el relativismo considerando que, quienes están de acuerdo con el principio de No-Contradicción están errados, claro está que el principio no se puede demostrar, pero sí se puede argumentar contra aquellos que no están de acuerdo con el principio. En el siguiente párrafo continúa el razonamiento de la siguiente manera:

Mientras que los unos han de ser persuadidos, los otros tienen que ser forzados. En efecto, cuantos vinieron a pensar de este modo consecuencias de hallarse en una aporía, su ignorancia es fácil de curar […]. Por el contrario, aquellos que discursean por discursear, su curación consistirá en refutar su discurso tomándolo en su expresión y en sus palabras.

(Aristóteles, 1009a16-22)

Por otro lado, existen dos tipos de sujetos, unos que han caído en el error, negando el principio de forma involuntaria (los hay que proceden de buena fe), a los que se les puede persuadir por medio de argumentos, curando de esta manera la ignorancia de su pensamiento. Por el contrario, existen otros sujetos que sólo desean discutir en vano, a ellos es necesario refutar sus palabras sin contemplación alguna, porque sus argumentos no están orientados a corregir su error sino a mantenerse en ellos. Es así que, el discurso que se use no será igual para ambos, pues se les argumentará de acuerdo al grado de su error, tanto aquellos que niegan el principio involuntariamente como aquellos que lo hacen con la intención de discursear.[1] «Y así, con este proceder, Aristóteles refuta también las tesis de quienes niegan la multiplicidad de los significados del ser, mostrando cómo esas negaciones producen el efecto contrario al pretendido y confirman dicha multiplicidad en vez de excluirla»[2]. De este modo, queda claro que Aristóteles refuta las diversas tesis que aquellos que pretenden negar el principio de No-Contradicción.


[1] Cf. Aristóteles. Metafísica. IV, 5, nota 34, 3ra y 4ta línea.

[2] Cf. Reale, G., Guía de lectura de la Metafísica de Aristóteles. Pág. 134.