La educación peruana atraviesa desde hace varias décadas una grave crisis interna, estructural y pedagógica. Muchos ministros que han pasado a través de los gobiernos han tratado de mitigar con precarias soluciones esta crisis, pero sin responder de forma coherente, lo cual nos conduce a un abismo en la que se arrastra a tantos niños y jóvenes que se ven involucrados en el sistema educativo. Sólo se piensa en el momento, pero se deja el futuro de la educación peruana en manos de personajes de escritorio que no han pisado un aula de clase, de quienes no han experimentado la maravillosa sensación del aprendizaje estudiantil.

Es importante señalar que la educación peruana necesita una atención urgente, porque a raíz de la pandemia de la Covid – 19 que sigue azotando a nuestro país, se prometió tablets a los estudiantes de zonas rurales y urbano marginales de la capital, pero no se ha contado con las dificultades del internet que sigue siendo mezquino con los que menos tienen. Vivimos en una sociedad peruana que ofrece con una mano, pero que quita con la otra. Entonces, ante esta situación es urgente que se pueda repensar las nuevas formas de llegar a todos con la educación, que la misma no debe estar sólo asentada en la capital, por el contrario, nuestras zonas rurales también necesitan atención educativa de calidad.

La educación peruana no necesita de populismos para salir de esta crisis, necesitamos hechos serios y concretos que permitan que la educación pública no se vea sumido en la ignorancia frente a nuestra realidad, que los estudiantes analicen la realidad peruana, que conozcan nuestra verdadera historia, de manera que puedan ir desarrollando la capacidad crítica, reflexiva y problematizadora que todo estudiante debería tener. Lamentablemente, a quienes llevan las riendas del gobierno sólo les interesa hacer muy poco en favor de la educación peruana. Ya Augusto Salazar Bondy sostenía la importancia de que los estudiantes desarrollen su capacidad problematizadora y Paulo Freire afirmaba que los maestros deben partir por desarrollar en los estudiantes la capacidad dialógica. Ambas capacidades en favor de los estudiantes, quienes sean los jueces de la historia que muchas veces les ha cerrado la boca en la puerta del aula.

Una sociedad que no apuesta por el desarrollo de las diversas capacidades de sus estudiantes, es una sociedad que estará condenada al fracaso estudiantil, por lo que estamos a tiempo de retomar el verdadero sentido de la educación, de esta manera es preciso señalar al gobierno un replanteamiento del área de educación filosófica, con la finalidad de que los estudiantes del nivel secundario tengan la oportunidad de acceder al pensamiento filosófico desde temprana edad, con la finalidad de ir desarrollando las diversas capacidades que proporciona la filosofía. Estará en manos del gobierno la reincorporación de esta importante rama de las humanidades a los colegios, pero también es una responsabilidad de los diversos colectivos filosóficos, quienes con su apoyo se podrá orientar al gobierno la mejor forma de reingreso gradual de la filosofía. ¡Es una tarea de todos aquellos que amamos la filosofía!

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