Faltan pocas horas para que en el Perú se lleve a cabo las elecciones generales 2021, lo cual supone el ingreso de un gobernante que lidere nuestro país con miras a la celebración del Bicentenario del Perú. Sin embargo, las últimas semanas después de la primera vuelta, los candidatos Pedro Castillo y Keiko Fujimori han emprendido una serie de desacreditaciones mutuas que han trascendido las fronteras de nuestro país; por otro lado, en el último debate presidencial llevado a cabo desde la ciudad blanca de Arequipa, observamos cómo el populismo estaba en su máxima expresión, prometiendo a diestra y siniestra diversos bonos, soluciones inmediatas a los problemas estructurales de nuestro país, control del libre mercado, entre otros.

Es lamentable como éstas prácticas por la ansiedad de llegar al poder han dividido a nuestro país; está claro que las malas prácticas políticas están terminando por polarizar a nuestros compatriotas, quienes han tomado posturas radicalmente contrarias y distintas, con la única finalidad de sentirse escuchados por sus candidatos de turno; y aunque no comulguen al 100% con sus ideas, salen a las calles para manifestar su animadversión hacia el candidato contrario, sin importar las consecuencias que de ello se pueda desprender.

Está claro que, nuestro país vive una de sus peores crisis políticas de todos los tiempos, pero esto se agrava más por las declaraciones de los candidatos, lo cual está implicando la constante subida del dólar, así como la inestabilidad en los precios de los productos de primera necesidad; por otro lado, también reaparece la facción terrorista de Sendero Luminoso (SL) en la zona del VRAEM, lo que ha significado la muerte de varios compatriotas, quienes han sido víctimas del odio del comunismo. Por eso, nadie puede justificar la muerte de menores de edad a manos de esta facción terrorista, quienes supuestamente luchan en favor del pueblo, pero matan al pueblo.

Frente a esta situación, en nuestro país se genera la incertidumbre ante estas elecciones presidenciales, por un lado se nos presenta más de lo mismo con relación a la corrupción, la compra de jueces, la lucha por la perpetuidad de la impunidad; pero en la otra orilla, aparece la supuesta panacea ante todos los problemas, donde hay un comunismo que desea enquistarse en el poder; pero que al final su único propósito no es el servicio al pueblo de una forma democrática, sino que busca a través de elecciones democráticas llegar y perpetuarse en el poder. Es evidente que, bajo esta visión el comunismo se convierte en aquello que tanto detesta: Dictadura.

Cabe resaltar que, en nuestro país no tenemos partidos políticos, sino ideologías políticas que mueven masas populistas, las cuales no tienen acercamientos con la población de una forma clara y concreta; sino que mueven las pasiones de la mayoría con la única finalidad de que esta población los empuje al poder; ahora, esta situación luego genera el menosprecio de estas ideologías por aquella población que les dio el poder, dado que el pueblo reclamará aquello que se le prometió y no se le puede dar, porque la repartija de favores se quedará en la élite.

Finalmente, es importante tener las cosas claras frente a las posturas que se nos presentan como las únicas salvadoras. Por ello, es necesario haber analizado de forma crítica los planes de gobierno de ambos candidatos y no dejarnos llevar únicamente por el odio, el resentimiento o el menosprecio hacia nuestros propios compatriotas. Queda en la libertad de cada uno su voto, pero es importante que luego se asuma con responsabilidad la consecuencias de nuestros propios actos y nadie se corra del barco cuando este comience a incendiarse, por el contrario seamos lo suficientemente peruanos para buscar soluciones adecuadas y sacar adelante a nuestro país.

Lima, 04 de junio del 2021

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